Hola, ¿Qué tal estás?

En el artículo de hoy quiero hablarte sobre la parábola del granjero o sobre la relatividad de ver las cosas que te pasan como ‘la buena’ o ‘la mala’ suerte.

Sigue leyendo y verás que al final, todo es muy relativo.

La idea es que puedas ver, como observador, alguna situación que tengas ahora y puedas relativizar sobre lo que te esté pasando para que no sea ni ‘tan tan tan malo’, ni ‘tan tan tan bueno’

Para poder explicarme mejor, voy a contarte la parábola del granjero que narra muy bien esto de la relatividad.

Vamos allá:

Un día, al hijo de un granjero anciano, se le escapó el único caballo que tenía.

Cuando los vecinos se enteraron, acudieron a su casa para solidarizarse con él y le dijeron:

  • Oye anciano, qué desgracia. Qué mala suerte que se te escapara el único caballo que tenías.

El anciano contestó sin inmutarse:

  • Mala suerte. Buena suerte ¿Quién sabe?

Al día siguiente, este caballo volvió de nuevo al pueblo.

Y no sólo eso, de repente, todo el pueblo miraba a lo lejos como una estela de humo, allá a lo lejos, se venía acercando. 

Lo que estaba pasando es que este caballo no volvía solo, sino que trajo consigo decenas y decenas de caballos salvajes que le siguieron desde la montaña.

Todos estos caballos se metieron en la cerca que tenía este hombre y, rápidamente, su hijo y él cerraron las puertas para quedarse con los caballos.

Ahora, tenía muchos más caballos y este hecho le convertía en el hombre más rico del pueblo.

Inmediatamente, todos los vecinos fueron a su casa y le dijeron:

  • Oye anciano, qué buena suerte que tu caballo haya regresado sino que además ha traído a decenas y decenas de caballos. Te has convertido en una persona muy importante y rica.

El anciano, tranquilo e impasible, les miró y respondió: 

  • Buena suerte. Mala suerte ¿Quién sabe?

Al día siguiente el hijo del anciano, que era el que le estaba ayudando en todas las labores, se cayó y se rompió una pierna mientras estaba intentando domar a uno de estos caballos salvajes.

Fijate que esta situación podría ser un obstáculo enorme porque justo se acercaba el invierno y, la verdad es que sin el hijo, el anciano tendría grandes problemas ya que no  solo había que domar a  estos nuevos caballos sino que también había que realizar las tareas domésticas de la casa y de la granja que tenían.

De repente, todos los vecinos, al enterarse de esta noticia, acudieron a casa del anciano y le dijeron:

  • ¡¡Qué desgracia!! ¡¡Qué mala suerte!! Ahora que tienes los caballos pero no te sirven de nada porque no tienes la ayuda de tu hijo

El granjero anciano, como siempre venía haciendo anteriormente, les miro y le dijo:

  • Mala suerte. Buena suerte ¿Quién sabe?

A los pocos días, llegó todo el ejército nacional a este pueblo.

Habían entrado en una guerra y tenían que reclutar a todos los jóvenes.

Sin embargo, cuando los reclutadores del ejército llegaron a la casa del anciano y vieron al hijo que tenía una pierna rota. Entonces decidieron dejarlo en casa porque realmente no podían alistarlo así para luchar en la guerra.

Por el contrario, se llevaron al frente a todos hijos del resto de los vecinos con muchas muchas probabilidades de que no les volvieron a ver y murieran en campo de batalla.

Todo el pueblo al enterarse de esta noticia, acudió a la casa del anciano y le dijeron:

  • ¡¡Qué buena suerte tienes!! A todos nuestros hijos los han reclutado y al tuyo no.  Qué suerte tuviste cuando tu hijo se partió la pierna intentando domar a esos nuevos caballos salvajes.

El anciano les volvió a mirar y les dijo:

  • Buena suerte. Mala suerte ¿Quién sabe?

Pues hasta aquí, esta maravillosa historia o cuento que la verdad es que a mi me encanta.

Al final lo que nos está contando es que deberíamos tener siempre esta perspectiva o esta relatividad ante un hecho. 

Porque cuando pasa algo que tú crees que es realmente bueno, puede ser que eso traiga un montón de desgracias, y que ese éxtasis de felicidad no te deje ver con claridad.

Y de igual manera pasa lo mismo cuando una desgracia te ocurre. Seguramente, esta traiga algún aprendizaje, algún hecho, algún magnífico acontecimiento posterior pero tu solo ves y sientes esa frustración, esa rabia o esa negatividad que en esos momentos te envuelve.

Y al fin y al cabo, como decía nuestro sabio anciano “buena suerte, mala suerte” o “bueno o malo” ¿Quién sabe? Todo es muy relativo. El tiempo lo dirá.

Como acción, te recomiendo que ahora pienses en uno de esos momentos malos, que por nuestra propia psicología mantenemos más en nuestras mentes, y piensa que quizás no fue tan malo y que gracias a estos malos momentos, tuviste aprendizajes que ahora que te estan ayudado en tu vida o en tu día a día

También piensa justamente lo contrario, en uno de esos buenos momentos. Que te trajeron muchísima abundancia, felicidad, alegría, paz, calma, éxtasis, etc. Y que seguramente trajeron también escondida alguna sorpresa no tan buena como parecía ese gran éxito o esa gran alegría en un principio.

Simplemente haz la pequeña práctica de relativizar ese mal o buen momento o acontecimiento.

Espero que te haya sido útil este artículo. Déjame algún comentario si lo ves oportuno.

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